viernes, 22 de abril de 2011

"Subió al tren sin pensarlo dos veces; ella, con lágrimas, se quedó en el andén. Ahora sus ojos contemplan un paisaje que pasa con velocidad y comienza a darle pistas de un nuevo destino que traerá sorpresas"


Espero en la puerta del restaurant que se ubicaba cerca del trabajo de su novia, veía el reloj con impaciencia y estaba nervioso. Se revisó el bolsillo y verificó si llevaba consigo el anillo de compromiso, compró un ramo de flores y repetía en su mente como le propondría matrimonio. Ella saldría almorzar con sus compañeras a las 12:00 m; y, efectivamente, salió a esa hora, pero sola. Él se escondió detrás de un teléfono público para verla, ella no se movía del sitio y sólo volteaba y miraba hacia a los lados. Luego un carro de color negro se estacionó frente a su lugar de trabajo, ella abrió la puerta y subió y ,con pasión, le dio un beso al hombre que lo conducía. Su ánimo se fue al piso. Fue su perdición.


Dentro del carro estuvo por largo rato riendo con su amante, mientras él estaba hundido en la tristeza, sin creer lo que presenciaba. Botó el ramo de flores y se acercó hacia el auto, se detuvo frente a él y con el puño cerrado siguió con su mirada la mano de aquel hombre pasando por las sensuales piernas de su novia mientras, con pasión indescriptible, besaba sus labios. Cuando ambos dejaron de besarse, lo vieron con su mirada envilecida, llena de rabia. Ella empujó a su amante y se bajó del carro para intentar darle una explicación a su novio, pero la ira que él cargaba encima no le permitió seguir allí y se fue; sin embargo , insistentemente, ella lo siguió por todas las calles llevándose a la muchedumbre que pasaba.
Una vez en casa, descargó su rabia con los objetos, los lanzó al suelo y golpeó la pared mil veces. Empacó su ropa y llamó a la línea de taxis. Estaba decidido a marcharse. Cuando salió de casa, el taxi lo esperaba y ella llegó con desespero, le suplicó de rodillas que la perdonará; pero para el perdón ya no había cabida; lo abrazó con llanto desmedido intentando detenerlo y él, para quitársela de encima, la empujó dejándola caer en la acera y subió al taxi. Atrás dejó la imagen de una mujer arrepentida y demolida por la tristeza.

Llegó a la estación del tren, contuvo sus lágrimas, y rompió y echó a la basura  la última fotografía de su ex novia. La hora de partir había llegado. Fue el último en subir al vagón, se paró en la puerta y observó a su alrededor por segundos y, finalmente, entró. De pronto, cuando ya se había sentado en su puesto y el tren arrancó, su ex novia había llegado a la estación; pero era demasiado tarde. Corrió detrás del tren, llegó hacia la ventana donde él estaba, le dio golpes al vagón y, a su vez, gritó su nombre, pero él no volteó a verla. Imaginó que era una pasajera más exasperada porque su tren había perdido e intentaba detenerlo a toda costa.
Subió al tren sin pensarlo dos veces; ella, con lágrimas, se quedó en el andén. Ahora sus ojos contemplan un paisaje que pasa con velocidad y comienza a darle pistas de un nuevo destino que traerá sorpresas.

domingo, 17 de abril de 2011

Con destino a las nubes

Su anhelada fantasía fue volar como su superhéroe preferido, pasar por las nubes y, si era posible, descansar sobre ellas. La tarde era serena, la acompañaba un cielo claro con grandes nubes; nubes hermosas con bordes brillantes que se despalzaban lentamente y, al mismo tiempo, parecían estar cada vez más cerca de la ciudad, como si estuvieran a punto de cubrirla por completo. Así comenzo la búsqueda de su hijo por todo el departamento, después de haber terminado su larga siesta y haberlo llamado hasta el cansancio. Pasó primero por su habitación, pero la consiguió vacía; sólo vio su caja de juguetes abierta, su morral y su camisa de la escuela sobre la cama distendida, y, extrañamente, una sábana rota. Algo no andaba bien, pensó. Tocó la puerta del baño y no respondió, después entró en la cocina, pero tampoco lo encontró. Cuando camino hacia la sala, pretendía salir al pasillo del edificio y comprobar que no se había escapado a jugar con su amiguito como la vez pasada. Sin embargo, algo la detuvo: vio el sofá, color beige, pegado a la pared cerca de la ventana, estaba sucio con marcas de suela de zapatos, de pequeños zapatos; después, observó el juguete del superhéroe preferido de su hijo en el marco de la ventana y, posteriormente, el pedazo de la sábana rota guindada sobre el tendedero. Se acercó y se asomó a la ventana, fijó su mirada en el cielo aún claro y las inmensas nubes que parecían arropar a los edificios cercanos a la residencia, luego, la bajó y la paseó por la extensa y solitaria calle hasta que, finalmente, sus ojos se detuvieron, captaron y registraron la tragedia que se convirtió en su pesadilla. Su anhelada fantasía fue volar como su superhéroe preferido, pasar por las nubes y, si era posible, descansar sobre ellas.