Reserve para ella el mejor lugar de mi corazón, le deje las puertas abiertas para que entrara con libertad, pero ella no quiere estar a mi lado; prefiere estar con él, ese que tiene un corazón despiadado, enfermo, cenit y hecho polvo. Entre la desilusión, la frustración y con las esperanzas debilitadas en mis manos, comprendí que los sentimientos gozan de una autonomía absoluta, ellos actúan como quieren y no como uno desea; yo me enamoré de ella y ella se enamoró de él. Que culpa puede existir. También entendí que el amor es tan ciego, como la llamada justicia, y nos vuelve masoquista. Ciego, porque el amor hasta lo que puede hacer daño y causar tristeza, lo percibe agradable. Así le pasa a ella con él. Nos vuelve masoquista porque a pesar de entender que ella no es para mí, aún sigo esperándola, así como ella lo espera a él. Qué ironía.
¡Así son las cosas! :S
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